El rey Fernando el Católico tuvo que resolver serios problemas políticos y militares durante el tiempo que compartió el trono de la recién reunificada España con Isabel de Castilla, pero se le iban a multiplicar después del fallecimiento de esta el año 1504, en Medina del Campo. Una fatídica sucesión de muertes en los hijos del matrimonio había dejado como única heredera a Juana, casada con un ambicioso Felipe el Hermoso. Por cierto, que la historia universal, y la de España en particular, está sembrada de casos de herederos cuyos fallecimientos prematuros provocaron que su curso zigzaguee y hasta en ocasiones dé un vuelco espectacular visto con la perspectiva que otorgan los siglos; pero ese relato llenaría otro libro.
