El zar ruso Iván IV El Terrible (1530-1584) debe su fama de cruel y despiadado a una serie de atrocidades que comenzaron ya en su infancia y adolescencia (épocas en las que se divertía torturando toda clase de animales y arrojando al vacío perros desde los tejados del palacio real). Su primer crimen político conocido ocurrió en 1543 (cuando tenía trece años) al ordenar que Andrei Chuiski, el jefe del clan boyardo más influyente de Rusia, que prácticamente dominaba el gobierno del país, fuera arrojado a los perros hambrientos de los que la guardia del zar disponía para este tipo de ocasiones. En 1555, ordenó la construcción de la Iglesia de San Basilio en Moscú.
